“A toro pasado todos somos Manolete” dicen los amantes de la tauromaquia, sin embargo pasadas ya más de 72 horas de la histórica jornada electoral sonorense, aún existen análisis e interrogantes por dilucidar sobre los resultados de estas elecciones.
Importante destacar que a pesar de la pandemia el índice de participación a nivel nacional estuvo por encima del 52%, una cifra histórica para elecciones intermedias aunque muy por debajo de la expectativa generada ante la trascendencia de la elección, donde además del congreso federal, se renovaron 30 congresos estatales y 15 gubernaturas.
En el caso de Sonora teníamos como antecedente que en la elección presidencial del 2018 ocupamos el nada presumible último lugar en participación ciudadana, donde Yucatán tuvo un porcentaje cercano al 75% y Sonora solo 52%. (https://bit.ly/3x61ZGU), por ello resulta preocupante que en esta elección intermedia nuevamente nos situemos entre las peores entidades en participación con un índice de alrededor del 44%, muy por debajo de la media nacional y entre las peores que se tenga registro.
De lo anterior surgen las primeras interrogantes: ¿a qué candidato benefició más el bajo índice de participación ciudadana? ¿Podría haber hecho mucho más la sociedad sonorense y las autoridades gubernamentales y electorales para incentivar una mayor participación?
Otro aspecto relevante es el papel que jugaron las encuestas de preferencias electorales, instrumentos que fueron burdamente manoseados para utilizarse como propaganda electoral pero que al final fueron brutalmente desnudados por los resultados electorales, quedando “retratadas” varias casas encuestadoras, solo salvándose de la “quemazón” encuestas como la de Opinión Pública, Marketing e Imagen / Heraldo Media Group, quienes desde el 5 de abril pronosticaban una ventaja de 15.5% de Alfonso Durazo sobre Ernesto Gándara (https://bit.ly/3v1Vunc).
Y si bien desde el arranque de su campaña Alfonso Durazo habló de una cómoda ventaja en las encuestas, que a la postre resultó real, aunque sin llegar a un 2 a 1 como muchas veces se declaró, sin duda Ernesto Gándara aprovechó mediáticamente las encuestas, la mayoría ajenas (ojo), para generar una percepción al interior y al exterior de que seguía en competencia y que incluso podría llegar a remontar en algún momento.
¿Pero qué factores podríamos destacar que coadyuvaron en la derrota de Ernesto Gándara?
Sin duda un primer factor es el pésimo desempeño del actual gobierno estatal encabezado por Claudia Pavlovich, quien ni con campañas de promoción de imagen durante 6 años pudo ocultar la mediocridad de su quehacer gubernamental (https://bit.ly/3z5DJGZ), donde no existe ningún resultado o logro reseñable que pudiera haber presumido el abanderado de la Alianza PRI-PAN-PRD, con lo cual a pesar de renunciar “cosméticamente” al PRI se le siguió relacionando con el “color” del gobierno actual, e incluso se le buscó salpicar, sin éxito, con el lodo de historias urbanas sobre ranchos, negocios divinos y suntuosos eventos sociales.
Y si bien la pesada losa de que se le relacionara con el gobierno actual pudiera haberse aligerado con importantes apoyos extraoficiales a su campaña, a decir de integrantes de la campaña borreguista, éstos simplemente brillaron por su ausencia, en especial los tradicionalmente relacionados con la poderosa Secretaria de Gobierno. Ante ello, la deseada aprobación de Palacio Estatal y sobre todo la anhelada bendición “papal” del patriarca de grupo avecindado en la CDMX, parecieron haber fungido más como santos óleos para el Borrego.
Un segundo factor, intrínsecamente relacionado con el primero, es no haber marcado una clara distancia con el gobierno actual y su titular, algo realmente no entendible bajo la lógica del natural desgaste de todos los gobiernos en funciones (sean del partido que sean), con lo cual se generó la percepción de que para el candidato aliancista era simplemente un tema Intocable (https://bit.ly/3irwseG), lo que sin duda le afectó ante el electorado y demostró que el PRI no aprendió de la fallida candidatura de Alfonso Elías en 2009, quien al no marcar su distancia del gobernador Eduardo Bours finalmente pagó electoralmente los costos de la lamentable tragedia de la guardería ABC.
Un tercer factor es la Alianza per se, ya que aunque en otras entidades si funcionó, en Sonora claramente nunca terminó por cuajar ante el electorado y simpatizantes la mezcla PRI-PAN-PRD supuestamente motivada por intereses “ciudadanos”, nadie la creyó, además que nunca pudo ocultarse la falta de feeling y confianza entre las dirigencias de dichos partidos y los equipos de campaña, lo que provocó una falta de coordinación y la ausencia de una efectiva estrategia integral de promoción y movilización del voto entre sus bases electorales.
Finalmente, un cuarto factor habría sido el tema económico, ya que en diversos momentos clave de la campaña trascendieron lamentos de miembros del equipo de campaña Gandarista sobre la falta de recursos suficientes y oportunos para salir avante con compromisos y programas. ¿Quiénes estaban a cargo de esta área clave?. ¿Porqué en la “casa de enfrente” parecían no batallar con recursos y si lo hacían en la casa aliancista?.
Otras interrogantes que quedan en el aire son: ¿Qué tan atinado fue que Javier Gándara tuviera un papel preponderante en la campaña del Borrego? ¿Qué tanto afectó la ausencia de un coordinador general de campaña con fuerza real y experiencia electoral exitosa? ¿Tuvo realmente Ernesto Gándara el suficiente apoyo de la oficina más refrigerada de palacio, de las ubicadas en el piso 5 y 7 del edificio del Vado del Río y de la oficina de Montes Urales?.
¿Qué responsabilidad tienen en la derrota borreguista los presidentes del PAN y del PRI? ¿Sobre quiénes del círculo cercano borreguista recae la responsabilidad del “cuento chino” vendido sobre una supuesta fortaleza en el sur del estado?. Preguntas en el aire que sin duda desnudan incapacidad y probablemente simulación en varios de los supuestos “operadores estrella” de la alianza prianista.
Y mientras factores como los señalados pudieran haber incidido en la derrota borreguista, ¿qué factores podrían haber coadyuvado en la victoria de Alfonso Durazo?
De entrada un primer factor sería que contrario a lo que la mayoría apostaba, el haberse desempeñado como Secretario de Seguridad Pública federal podría haber sido finalmente una ventaja para Alfonso Durazo, ya que después de tan fuerte desgaste durante su gestión, donde enfrentó duras críticas por al lento arranque de la Guardia Nacional, por el aumento de la inseguridad en muchas partes del país, así como por temas como el “Culiacanazo” y la lamentable masacre de niños y mujeres en su propio pueblo de origen, sin duda lo peor que le podría suceder ya le había pasado. ¿Qué suceso más grave que estos podría pasarle como candidato durante la campaña?.
Por ello, con los anticuerpos ganados con los duros señalamientos previos a la campaña, ni las campañas negras ni nuevos señalamientos en su contra, como el tema inmobiliario, tuvieron el impacto que buscaron sus adversarios, porque, ¿cómo comparar los duros golpes sorteados como secretario de seguridad con estos señalamientos? ¿Cómo podrían afectarle críticas banales, recicladas de la campaña contra Rodolfo Félix Valdéz de 1985, como cuestionar si era menos o más sonorense que otros? ¿A si le quedaba bien o mal el sombrero?.
Y como refuerzo a este punto es importante recordar que diversas encuestas y estudios de opinión (los que se salvaron de la “chamuscada” por supuesto) como la de Latinus – Reforma (https://bit.ly/2TUkbVP) daban cuenta que si bien Alfonso Durazo perdía en varios comparativos de atributos versus Gándara, en el tema de quien podría combatir mejor el crimen organizado era Alfonso Durazo quien salía mejor evaluado a pesar de su pasado como funcionario de seguridad, seguramente por un tema de experiencia, pero quizás también a que los electores no veían una propuesta alternativa suficientemente sólida de Gándara y del resto de sus adversarios.
Por otro lado, otro factor clave a considerar es la alta popularidad del Presidente López Obrador en Sonora, donde de acuerdo a la misma encuesta Latinus – Reforma (https://bit.ly/2TUkbVP), el 66% de los sonorenses aprueban la gestión del Presidente, una cifra muy por encima de la media nacional, lo que sin duda vino a apuntalar el proyecto de instauración de una 4T en Sonora con Durazo a la cabeza, destacando que el 64% de los sonorenses consideran una ventaja tener un gobernador del mismo partido que el Presidente.
Un tercer factor fue el trabajo territorial, donde contrario a lo que pronosticaban disidentes y adversarios, Alfonso Durazo del 2006 al 2018 y Jacobo Mendoza del 2018 al 2021, se encargaron de armar y aceitar una estructura territorial que aunque sin tantas luces y parafernalia sin duda resultó efectiva dados los resultados alcanzados, consiguiendo Durazo mantener la tan necesaria “mística de guerra” en su equipo a pesar del aluvión de la mayoría de los medios estatales y nacionales, así como sabiendo aprovechar al máximo el incuestionable y clave jalón de los programas sociales del gobierno federal (o del Presidente dirían muchos), que sin duda además de “sembrar vida”, terminaron por sembrar votos entre los electores de los sectores económicos históricamente menos favorecidos pero mucho más numerosos.
En relación con el tema electoral queda por dilucidar, al calor de los resultados preliminares en Hermosillo, el si la movilización morenista / durazista apretaba o aflojaba un poco en función de los candidatos en la boleta, ya que llama poderosamente la atención que las únicas 3 diputaciones locales y la única presidencia municipal importante que parece haber perdido Morena en todo Sonora sean hermosillenses, ¿casualidad?. ¿Hubo desdén de los morenistas más químicamente puros de Hermosillo a Célida López? ¿Hubo un imprevisto y espontáneo apoyo de algunos morenistas a Toño Astiazarán, sobrino de Carlos Benito Astiazarán, empresario cercano a Alfonso Durazo?.
También para el análisis el verdadero impacto del accidentado proceso de selección de candidatos morenistas, donde a pesar de una notoria falta de oficio de dirigentes municipales, estatales y delegados, salvo el casi seguro prietito arroz hermosillense, los morenistas crecerían de 18 a 22 municipios. ¿Qué tanto afectaron las inconformidades? ¿Qué tanto impactó que en Nogales, Guaymas y Navojoa no permitieran la reelección de sus actuales alcaldes? ¿Y en esos mismos municipios qué tanto tapó la marca Morena el mal papel de dichas administraciones? ¿Qué hubiera pasado si en Hermosillo hubieran aplicado la estrategia de no reelección?.
Finalmente un cuarto factor fue la efectividad de hablar de “…un Sonora para todos y no de unos cuantos” y de “…quitar del poder al grupo que lleva más de 30 años deteniendo el avance del estado”, haciendo propio un claro malestar social hacia la clase gobernante que bajo las siglas del PRI y PAN siguen al servicio del mismo líder político sin ningún beneficio para los ciudadanos, razón por la que por momentos no se entendía la falta de contundencia en la crítica hacia el gobierno actual, lo que alimentó sospechas de pactos de no agresión (https://bit.ly/3irwseG), sin embargo en la recta final de la campaña, marcadamente a partir del segundo debate, se evidenció un alza en el tono de la crítica de Durazo hacia la gobernadora y su administración.
De esta forma, si bien lo acontecido en esta elección todavía podría dar para varios análisis, reviste aún mayor importancia entender la trascendencia del momento que se viene para Sonora, un momento de cambio de timón donde hay grandes expectativas en los 72 municipios a pesar de un entorno económico nacional y estatal sumamente complicado, con una muy lenta reactivación, con cada vez menos recursos provenientes de la federación, con inseguridad desbordada en las principales ciudades del estado, con un pésimo legado financiero y de infraestructura del actual gobierno estatal, con un gobierno obeso, ineficiente, altamente endeudado, sin inversión visible, sin crecimiento sustantivo de ingresos propios, sin rumbo claro, sin identidad, sin liderazgo.
Son sin duda tiempos de unidad, de dejar atrás el encono de las campañas, de detener la polarización social, de jalar parejo, de planear y aterrizar los “cómos” para poder avanzar, de que cada uno de los sonorenses aportemos nuestro granito de arena para volver a tener un Sonora del que todos nos sintamos orgullosos.
“Ninguno de nosotros es tan bueno como todos nosotros juntos”. Ray Kroc.